viernes, 29 de julio de 2011

Gobierno e ideología

Muchos se preguntarán a este altura ¿Cómo los estudiantes secundarios y universitarios son tan tozudos para mantener un movimiento que sólo les ha trae consecuencias negativas? Sin embargo, yo quisiera proponer un giro, para lanzar el dardo de dicha pregunta hacia el otro lado protagonista en el conflicto: ¿Cómo es posible que el Gobierno sea tan tozudo para no dar señales concretas de acoger y promover políticamente las demandas justas y profundas de los estudiantes?

La respuesta a esta pregunta se encuentra en la misma razón que el ex ministro de educación, Joaquín Lavín, fustigaba con vehemencia a los estudiantes en el origen del conflicto: la ideología. Así es. Podemos remontarnos a los años 80 cuando se gestaba la actual constitución, que sostiene el andamiaje político-administrativo de la educación en nuestro país. Y en ese contexto nos toparemos con uno de los grandes ideólogos de este modelo: Jaime Guzmán. Personaje señero y mítico, mentor de muchos de los personeros del actual gobierno.

En esta ideología descubriremos dos tesis fundamentales, que son irrenunciables para el actual gobierno. 1° En democracia la gente no siempre está capacitada para decidir lo correcto, ya que puede ser ignorante y caprichosa (esta tesis explica por ejemplo, el sistema binominal, pues perpetúa el poder de algunos). 2° Las libertades económicas son el motor de una sociedad democrática que aspira al progreso individual.

Según la primera tesis se pone en duda las capacidades de los jóvenes para decidir y pensar lo mejor para el país. Según la segunda, es primordial la educación privada (que se sostiene gracias al lucro) pues asegura calidad y la libertad individual para poder elegir donde estudiar. La calidad por tanto, se paga. Se es libre según la capacidad económica que se posea. Y para los que no posean dicha capacidad: a muy pocos se les beca y a la mayoría se les presta dinero. Se les intercambia libertad de elegir por deuda.

Así que si alguien piensa que la movilización estudiantil es una pérdida de tiempo, parece que tienen razón, pues aunque la realidad en la educación segmentada y desigual sea un cántaro agrietado que hace agua por todas partes, se mantendrá intacta la tozudez oficialista y lo que más llama la atención: de la misma Concertación.

lunes, 25 de julio de 2011

Bienvenidos Consumistas Todos

Estoy pensando que estamos llegando tarde para la vuelta ¿No será que el libre mercado ya se ha tragado todo y el presidente Piñera tiene razón: “la educación es un bien de consumo”? Mi casa es un bien de consumo (aunque todavía no la pago por completo); el auto, que también estoy pagando, es un bien de consumo; pago por la salud de mi hijo (prefiero la clínica antes que el hospital); puedo pagar educación de calidad ¿Cómo voy a mandar a mi hijo a un colegio público?; Nos juntamos con amigos, comemos y bebemos algo (sabrosos bienes de consumo); compro un libro; tengo internet y un computador, algunos prefieren Windows otros Apple; si quiero buena música compro un CD o mejor un DVD; que daría por un LCD con un play o un wii; hoy vamos al cine con mis sobrinos; quisiera un iphone o algunas de esas leseras para estar siempre conectado con mis amigos y los familiares que vive lejos; quiero dar un regalo: lo compro; si queremos descansar como familia pagamos pasajes o bencina, claro vamos a un buen hotel; si no quiero correr riesgos me compro un seguro de vida; si quiero estar lejos de la delicuencia, me compro un servicio de alarmas; si me siento mal, voy a un psicólogo... y así... ¿El monstruo mercado nos ha robado todo lo humano? o ¿queda algo?... SOS
Publicado en el Diario el Centro, Talca, el 27 de Julio 2011

martes, 19 de julio de 2011

Clase Política

Se dice que las palabras crean y comunican realidades. La expresión “clase política” se constituye de palabras que no escapan a esta sentencia, pues efectivamente dicha expresión manifiesta una realidad.

La palabra “clase”, según RAE, asigna una categoría que permite distinguir de otras clases o categorías (vg. clase alumnos v/s clase profesores). Ahora bien, nuestra expresión se vuelve extraña si sumamos la palabra “política”, pues esta palabra expresa la actividad que todo ser humano realiza en su función ciudadana. En este sentido, es contradictorio decir “clase política”, pues políticos somos todos. En fin, este no es mi punto.

Mi tesis es que efectivamente la actual clase política de nuestro país posee un orden, con arreglo a determinadas condiciones, que la distingue del ciudadano a pie. La clase política se ha generado una burbuja para ejercer su función, que la ha llevado a alejarse de los sentires y pesares de la ciudadanía que los ha elegido. Por esta razón tiene sentido hablar de “clase política” e incorporar en dicha clase a todos nuestros honorables, sin distinción de color político o ideológico.

Para comprobarlo sólo algunas consideraciones de distinto nivel. Los apellidos en política desde que recuperamos la democracia (y algunos desde la década de los 70) son los mismos: Frei, Longueira, Lagos, Larraín, Allende, Novoa, Zaldívar, Chadwick, Escalona, Espina, y si sigo me quedo sin publicar. El porcentaje de renovación es bajísimo y lamentablemente esta clase no se ha preocupado de ejercer un rol que entusiasme a los jóvenes. A esta clase le ha hecho mucho bien el actual sistema económico (baste con revisar sus declaraciones patrimoniales y su participación en sociedades), lo que disminuye las posibilidades de mejorar los engranajes del sistema. Su dieta parlamentaria (dieta que de hipocalórico tiene nada) es 32 veces mayor que el sueldo mínimo. A esta clase no le sucede nada sino van a trabajar a las sesiones. Viajan y se transportan gracias a los viáticos, no conocen el sistema público de transporte. Les acomoda el sistema binominal pues así perpetúan su posición de poder. A esta clase política, antes que el interés ciudadano, le preocupa el interés de sus respectivos partidos. Y un larguísimo etc.

Alguno podría contrargumentar: “no los votes en las próximas elecciones”. Y claro, eso haría si tuviese opción, sin embargo, hoy no existe alternativa pues la clase política es la misma. Conclusión: si esta clase política no se renueva o cambia de giro, deberían dar un paso al costado y permitir que nuevas generaciones asuman un rol en la conducción de nuestra democracia. Esa es la esperanza que me queda cuando veo la convicción de tantos jóvenes por cambiar el statu quo.

Cristhian Almonacid Díaz, ciudadano de a pie.

Publicado en La Prensa Austral, Punta Arenas, Chile, 11 de Julio 2011
Publicado en el Diario el Centro, Talca, Chile, 21 de Julio de 2011

Igualdad en Educación

Igualdad en educación


Hace mucho tiempo que el tema de la igualdad en la educación es un tema instalado en el quehacer político y social de Chile. Estoy seguro que si nos preguntaran a cada uno que opinamos, no habría respuestas disidentes y todos apoyaríamos la igualdad como un bien superior y necesario. Pero ¿Qué tipo de igualdad es ese bien tan anhelado? Es evidente que hasta las más básicas dimensiones de nuestra humanidad son heterogéneas y es allí donde radica nuestra riqueza humana. Existen personas sensibles en lo artístico, otros excelentes para la matemáticas, algunos tienen un físico privilegiado para practicar deportes, algunos son hábiles para hablar, otros más tímidos y menos expresivos, algunos tienen genes longevos y fuertes, otros se enferman casi siempre, algunos son de reflexiones abstractas y otros muy prácticos, etc.

Queda de manifiesto entonces que entender la igualdad desde las condiciones connaturales es absurdo e imposible.

Ahora, es bien sabido que el pleno desarrollo del ser humano no se completa por las puras condiciones naturales. Dichas posibilidades genéticas se actualizan gracias al medio donde se desarrollan. Un ambiente favorable afectará positivamente el desarrollo, y por el contario un ambiente negativo atrofiará dichas potencialidades, encausando resultados indeseados socialmente. Aunque las diferencias genéticas no están en nuestra mano modificarlas, si podemos hacer algo respecto al ambiente donde se desarrollan nuestros niños y jóvenes.

Es aquí donde adquieren pleno sentido las movilizaciones por la educación chilena. Es un diagnóstico crudo y real. El ambiente no está siendo propicio y equitativo para el desarrollo de las cualidades de todos los ciudadanos que aquí nacen. Nuestra estructura educacional sólo repite la estructura social en la que se nace. Hoy por hoy, la educación no es un medio eficaz para la anhelada movilidad social. La educación no se basa en los méritos y las cualidades, sino en la capacidad de pago y la disposición de endeudamiento. Hoy no existe “igualdad de oportunidades”, sino sólo diferencias abismantes. Esta es la igualdad que gritan y solicitan nuestros jóvenes en las calles y no sólo ellos, sino cada vez más la ciudadanía. Es la igualdad de oportunidades que yo quisiera para mi hijo que hoy tiene 5 años.


Cristhian Almonacid Díaz

(Publicado en diario El centro, Talca, 07 de Julio 2011)

Humanizar los Negocios

Humanizar los negocios

La ética empresarial es el horizonte que otorga a la empresa la obligación de gestionar sus negocios respondiendo a determinadas exigencias morales, propias y necesarias en cualquier actividad humana. Estas exigencias, en la medida que se cumplen, permiten a la empresa tener una repercusión positiva en la sociedad, ratificando su rol en el camino del desarrollo y el progreso social.
Ahora bien, existen dos maneras en que las empresas entienden y asumen estas exigencias éticas: la primera y la más difundida es la que podríamos denominar la “ética de los negocios regulados”. Consiste en asumir la actividad empresarial dentro de los márgenes mínimos que otorga la ley. Dentro de este margen todo lo que se haga en los negocios es válido. La empresa entiende que se le permite la maximización de los beneficios económicos, siempre y cuando cumpla la ley. Se subentiende que este es el piso mínimo en el que toda empresa se debe situar.
Una segunda manera de entender y asumir la ética empresarial es bastante más exigente. La podríamos denominar como “ética de los negocios que humanizan”. Ella exige que la acción empresarial, más allá del cumplimiento de la ley, esté siempre en referencia a las personas involucradas (directorio, accionistas, trabajadores, proveedores, clientes, etc.), en la perspectiva última de su desarrollo humano. Es decir, la empresa requiere ser consciente que su actividad la realizan personas y está al servicio de otras personas. La empresa tiene que comprender que su actividad tiene un componente ético fundamental, pues su acción económica puede servir o puede dañar a la sociedad en la que está inserta, puede favorecer u obstaculizar la maximización de la excelencia humana.

Cristhian Almonacid Díaz
Departamento de Filosofía
Universidad Católica del Maule


(publicado en el diario El Centro, Talca, 28 de Junio 2011)