Muchos se preguntarán a este altura ¿Cómo los estudiantes secundarios y universitarios son tan tozudos para mantener un movimiento que sólo les ha trae consecuencias negativas? Sin embargo, yo quisiera proponer un giro, para lanzar el dardo de dicha pregunta hacia el otro lado protagonista en el conflicto: ¿Cómo es posible que el Gobierno sea tan tozudo para no dar señales concretas de acoger y promover políticamente las demandas justas y profundas de los estudiantes?
La respuesta a esta pregunta se encuentra en la misma razón que el ex ministro de educación, Joaquín Lavín, fustigaba con vehemencia a los estudiantes en el origen del conflicto: la ideología. Así es. Podemos remontarnos a los años 80 cuando se gestaba la actual constitución, que sostiene el andamiaje político-administrativo de la educación en nuestro país. Y en ese contexto nos toparemos con uno de los grandes ideólogos de este modelo: Jaime Guzmán. Personaje señero y mítico, mentor de muchos de los personeros del actual gobierno.
En esta ideología descubriremos dos tesis fundamentales, que son irrenunciables para el actual gobierno. 1° En democracia la gente no siempre está capacitada para decidir lo correcto, ya que puede ser ignorante y caprichosa (esta tesis explica por ejemplo, el sistema binominal, pues perpetúa el poder de algunos). 2° Las libertades económicas son el motor de una sociedad democrática que aspira al progreso individual.
Según la primera tesis se pone en duda las capacidades de los jóvenes para decidir y pensar lo mejor para el país. Según la segunda, es primordial la educación privada (que se sostiene gracias al lucro) pues asegura calidad y la libertad individual para poder elegir donde estudiar. La calidad por tanto, se paga. Se es libre según la capacidad económica que se posea. Y para los que no posean dicha capacidad: a muy pocos se les beca y a la mayoría se les presta dinero. Se les intercambia libertad de elegir por deuda.
Así que si alguien piensa que la movilización estudiantil es una pérdida de tiempo, parece que tienen razón, pues aunque la realidad en la educación segmentada y desigual sea un cántaro agrietado que hace agua por todas partes, se mantendrá intacta la tozudez oficialista y lo que más llama la atención: de la misma Concertación.
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