Humanizar los negocios
La ética empresarial es el horizonte que otorga a la empresa la obligación de gestionar sus negocios respondiendo a determinadas exigencias morales, propias y necesarias en cualquier actividad humana. Estas exigencias, en la medida que se cumplen, permiten a la empresa tener una repercusión positiva en la sociedad, ratificando su rol en el camino del desarrollo y el progreso social.
Ahora bien, existen dos maneras en que las empresas entienden y asumen estas exigencias éticas: la primera y la más difundida es la que podríamos denominar la “ética de los negocios regulados”. Consiste en asumir la actividad empresarial dentro de los márgenes mínimos que otorga la ley. Dentro de este margen todo lo que se haga en los negocios es válido. La empresa entiende que se le permite la maximización de los beneficios económicos, siempre y cuando cumpla la ley. Se subentiende que este es el piso mínimo en el que toda empresa se debe situar.
Una segunda manera de entender y asumir la ética empresarial es bastante más exigente. La podríamos denominar como “ética de los negocios que humanizan”. Ella exige que la acción empresarial, más allá del cumplimiento de la ley, esté siempre en referencia a las personas involucradas (directorio, accionistas, trabajadores, proveedores, clientes, etc.), en la perspectiva última de su desarrollo humano. Es decir, la empresa requiere ser consciente que su actividad la realizan personas y está al servicio de otras personas. La empresa tiene que comprender que su actividad tiene un componente ético fundamental, pues su acción económica puede servir o puede dañar a la sociedad en la que está inserta, puede favorecer u obstaculizar la maximización de la excelencia humana.
Cristhian Almonacid Díaz
Departamento de Filosofía
Universidad Católica del Maule
(publicado en el diario El Centro, Talca, 28 de Junio 2011)
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