Igualdad en educación
Hace mucho tiempo que el tema de la igualdad en la educación es un tema instalado en el quehacer político y social de Chile. Estoy seguro que si nos preguntaran a cada uno que opinamos, no habría respuestas disidentes y todos apoyaríamos la igualdad como un bien superior y necesario. Pero ¿Qué tipo de igualdad es ese bien tan anhelado? Es evidente que hasta las más básicas dimensiones de nuestra humanidad son heterogéneas y es allí donde radica nuestra riqueza humana. Existen personas sensibles en lo artístico, otros excelentes para la matemáticas, algunos tienen un físico privilegiado para practicar deportes, algunos son hábiles para hablar, otros más tímidos y menos expresivos, algunos tienen genes longevos y fuertes, otros se enferman casi siempre, algunos son de reflexiones abstractas y otros muy prácticos, etc.
Queda de manifiesto entonces que entender la igualdad desde las condiciones connaturales es absurdo e imposible.
Ahora, es bien sabido que el pleno desarrollo del ser humano no se completa por las puras condiciones naturales. Dichas posibilidades genéticas se actualizan gracias al medio donde se desarrollan. Un ambiente favorable afectará positivamente el desarrollo, y por el contario un ambiente negativo atrofiará dichas potencialidades, encausando resultados indeseados socialmente. Aunque las diferencias genéticas no están en nuestra mano modificarlas, si podemos hacer algo respecto al ambiente donde se desarrollan nuestros niños y jóvenes.
Es aquí donde adquieren pleno sentido las movilizaciones por la educación chilena. Es un diagnóstico crudo y real. El ambiente no está siendo propicio y equitativo para el desarrollo de las cualidades de todos los ciudadanos que aquí nacen. Nuestra estructura educacional sólo repite la estructura social en la que se nace. Hoy por hoy, la educación no es un medio eficaz para la anhelada movilidad social. La educación no se basa en los méritos y las cualidades, sino en la capacidad de pago y la disposición de endeudamiento. Hoy no existe “igualdad de oportunidades”, sino sólo diferencias abismantes. Esta es la igualdad que gritan y solicitan nuestros jóvenes en las calles y no sólo ellos, sino cada vez más la ciudadanía. Es la igualdad de oportunidades que yo quisiera para mi hijo que hoy tiene 5 años.
Cristhian Almonacid Díaz
(Publicado en diario El centro, Talca, 07 de Julio 2011)
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