martes, 19 de julio de 2011

Clase Política

Se dice que las palabras crean y comunican realidades. La expresión “clase política” se constituye de palabras que no escapan a esta sentencia, pues efectivamente dicha expresión manifiesta una realidad.

La palabra “clase”, según RAE, asigna una categoría que permite distinguir de otras clases o categorías (vg. clase alumnos v/s clase profesores). Ahora bien, nuestra expresión se vuelve extraña si sumamos la palabra “política”, pues esta palabra expresa la actividad que todo ser humano realiza en su función ciudadana. En este sentido, es contradictorio decir “clase política”, pues políticos somos todos. En fin, este no es mi punto.

Mi tesis es que efectivamente la actual clase política de nuestro país posee un orden, con arreglo a determinadas condiciones, que la distingue del ciudadano a pie. La clase política se ha generado una burbuja para ejercer su función, que la ha llevado a alejarse de los sentires y pesares de la ciudadanía que los ha elegido. Por esta razón tiene sentido hablar de “clase política” e incorporar en dicha clase a todos nuestros honorables, sin distinción de color político o ideológico.

Para comprobarlo sólo algunas consideraciones de distinto nivel. Los apellidos en política desde que recuperamos la democracia (y algunos desde la década de los 70) son los mismos: Frei, Longueira, Lagos, Larraín, Allende, Novoa, Zaldívar, Chadwick, Escalona, Espina, y si sigo me quedo sin publicar. El porcentaje de renovación es bajísimo y lamentablemente esta clase no se ha preocupado de ejercer un rol que entusiasme a los jóvenes. A esta clase le ha hecho mucho bien el actual sistema económico (baste con revisar sus declaraciones patrimoniales y su participación en sociedades), lo que disminuye las posibilidades de mejorar los engranajes del sistema. Su dieta parlamentaria (dieta que de hipocalórico tiene nada) es 32 veces mayor que el sueldo mínimo. A esta clase no le sucede nada sino van a trabajar a las sesiones. Viajan y se transportan gracias a los viáticos, no conocen el sistema público de transporte. Les acomoda el sistema binominal pues así perpetúan su posición de poder. A esta clase política, antes que el interés ciudadano, le preocupa el interés de sus respectivos partidos. Y un larguísimo etc.

Alguno podría contrargumentar: “no los votes en las próximas elecciones”. Y claro, eso haría si tuviese opción, sin embargo, hoy no existe alternativa pues la clase política es la misma. Conclusión: si esta clase política no se renueva o cambia de giro, deberían dar un paso al costado y permitir que nuevas generaciones asuman un rol en la conducción de nuestra democracia. Esa es la esperanza que me queda cuando veo la convicción de tantos jóvenes por cambiar el statu quo.

Cristhian Almonacid Díaz, ciudadano de a pie.

Publicado en La Prensa Austral, Punta Arenas, Chile, 11 de Julio 2011
Publicado en el Diario el Centro, Talca, Chile, 21 de Julio de 2011

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